QUIERO AGRADECER PÚBLICAMENTE QUE NORBERTO
GARCÍA HERNANZ HAYA PERMITIDO LA PUBLICACIÓN DE ESTE TEXTO DE SU AUTORÍA.
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Con Norberto García Hernanz, instantes antes del inicio de la presentación |
Buenas tardes:
“No existen
las palabras contra el desasosiego,
ni existen los relojes que lo aplaquen,
ni el filo de una espada lo extermina.”
ni existen los relojes que lo aplaquen,
ni el filo de una espada lo extermina.”
De
esta forma contundente, comienza Amando Carabias, el poemario que hoy presenta a
la ciudad de Segovia, su ciudad, y que ya es el tercero después de “Humanidad Perdida” y “Versos como
carne”.
Le
doy mi enhorabuena por el grado de concreción, musicalidad y virtuosismo
poético que, como veremos, alcanza en dicha obra y del mismo modo, felicito a
Amelia Díaz Benlliure por los arrestos literarios que ha demostrado, al
embarcarse en este proyecto editorial del que han surgido, en tan breve tiempo,
(seis meses), varios títulos, como el ahora presentado “Quizá un martes de
otoño” y máxime cuando esos esfuerzos están encaminados a fomentar la poesía y
la literatura infantil. Gracias por ello.
He
elegido esos versos iniciales, como comienzo de este acontecimiento, porque
quiero, cuanto antes, centrarme en el objetivo que nos reúne, que es degustar el
buen hacer poético de Amando. Prefiero, antes de cualquier otra consideración, acercarme
a la palabra de este poeta que hoy cumple el deseo de poner en nuestras manos,
una obra surgida de sus vivencias íntimas, que de otra forma, como él mismo ha
declarado, “se habría
podrido en su interior”. No ha sido la
elaboración de la obra, en ese sentido, algo premeditado, sino algo surgido y casi expulsado desde
dentro, con imperiosa necesidad.
Debemos
pues, sacar cuanto antes a la luz ese planteamiento inicial, que nos habla de
un desasosiego originado por lo que puede denominarse un acontecimiento,
ya que acontecimiento es según el diccionario “una interrupción o
alteración del curso normal de los sucesos, que por sus efectos exige o
merece ser recordado”. Eso parece ser lo
que le ocurrió un determinado día a Amando y lo que motivó la inspiración de
estos textos: Un acontecimiento.
Para el desasosiego provocado por esa alteración, por esa
interrupción, según el autor como hemos leído, no existen relojes, tiempo que
pueda reinterpretarlo o canalizarlo, ni filo de espada que lo pueda exterminar.
Eso es, lo que preocupa inicialmente a nuestro poeta, y ese será
el problema fundamental de la obra, para resolverse o analizar: El cómo abordar
ese acontecimiento repentino, que en un determinado momento, a lo largo
de un día, quiebra la feliz cotidianidad del paseo, del trabajo, de la vida
familiar, para trastocarlo todo.
Estos hechos provocan pues, en Amando la urgencia imperiosa de
relatar sus sentimientos, sus consideraciones ya sean meditadas o impulsivas, sobre
ese cataclismo de sensaciones desbordadas.
Así vamos adentrándonos en el poemario, que está temporalizado en
un solo, largo y extraño día, con pasajes como “pánico en flor que me ha brotado de
madrugada.” ó “Sólo entendí tu ausencia:
una montaña rusa enredada en el viento.” o también “La noche es hielo negro en
mis afueras, todo paralizado en un solar donde reina la dama descarnada.”
También nos pone en situación adecuada, usando metáforas y anáforas
como en: “Hay
una oquedad dentro, una oquedad sin venas, una oquedad de frío y llanto helado,
una oquedad de mármol”, para después concretar el doloroso trance y quizá
amortiguar sus efectos recurriendo al lenitivo apoyo de la música en:
“Mis manos
interpretan
los pliegues de tu carne,
sinfonía lunar,
mis plectros incansables
buscarán en tu piel arpegios
que acallen el fragor de pesadilla,
hasta que su sonido de volcán
dinamite la túnica azabache
que envuelve nuestro espacio
y mi futuro.”
los pliegues de tu carne,
sinfonía lunar,
mis plectros incansables
buscarán en tu piel arpegios
que acallen el fragor de pesadilla,
hasta que su sonido de volcán
dinamite la túnica azabache
que envuelve nuestro espacio
y mi futuro.”
Sirven
estos versos, para que Amando suavice el pesimismo reflejado en los iniciales y
vaya, mediante la progresiva aceptación de la realidad, dando al acontecimiento
un carácter más asumible y moldeable.
Para
la mejor comprensión de aquello que vais a disfrutar en el poemario, creo también
conveniente detenernos un momento en las características de Amando, como poeta,
novelista, y, sobre todo, ser humano.
Es
necesario hacerlo, para entender el grado de autenticidad y sinceridad con el
que, a corazón abierto, se nos ofrece en esta obra.
Y
no es que yo tenga, (el otro día lo hablábamos), un conocimiento exacto de su
personalidad, ni pueda haceros glosa de sus virtudes como amigo, o compañero de
fatigas, ya que nuestros caminos, salvo por acontecimientos poéticos, no han
coincidido hasta los últimos tiempos, pero por eso precisamente, presumo poder
juzgar sus virtudes humanas desde la imparcialidad, y afirmo desde ella, que el
primer acercamiento a su persona da pistas suficientes para descubrir a un
hombre bondadoso, sencillo y extraordinariamente sensible, implicado y según me
consta, sufridor, de aquellos acontecimientos sociales, que como ocurre
actualmente, a diario, nos desbordan.
Leyendo
el poemario “Quizá un martes de otoño”, entendí enseguida, que era lógico,
dadas esas características que definen su personalidad, la intranquilidad y el
desasosiego originado por la posible desaparición, un día aciago, del ser que
le dio la vida, su madre. Lo que llamaríamos en lenguaje coloquial “Un susto
tremendo” convulsionó una jornada que en principio no auguraba malas noticias.
La
indefensión que en cualquiera produciría este acontecimiento, en Amando
se ve aumentada, dada su sensibilidad y permite que su discurso alcance un
elevado grado de lirismo, donde los recursos poéticos son superados, incluso,
por ese sentimiento que es finalmente el que nos llega, nos cala y nos hace
vibrar.
Dicho
esto, creo que vendría al caso hacer una disquisición filosófica que me ronda,
desde que el autor me pidió que le hiciera la presentación. Se trata de la
diferencia entre acontecimiento (palabra que hasta el momento he
repetido abusiva e intencionadamente esta nueve veces) y la palabra suceso.
Pueden llegar a confundirse pero no tienen nada que ver.
Según
nos comenta Chantal Maillard (Premio Nacional de Poesía 2004) en su libro Matar
a Platón (con el que se hizo merecedora del citado premio) “Un acontecimiento no es un hecho, sino
algo a la vez muy sutil y complejo que puede si acaso ser sugerido mediante por
ejemplo la poesía.”(Lease, por ejemplo una noticia dramática e inesperada como
la que inspira el libro) “El acontecimiento, al contrario que una idea, nunca
puede ser definido. La verdad de un acontecimiento no puede ser aprehendida por
las ideas, sino aproximada de diferentes formas.” Viene a decirnos, mediante
precisamente la poesía, Chantall Maillard, que las Ideas platónicas que
racionalmente dan cuenta de la realidad en un estado sobrio y puro, pueden
aproximarse a los fríos sucesos que acontecen a diario y que afectan por igual,
imparcialmente, a los seres humanos, pero poco tienen que ver con la
interpretación de la realidad de un acontecimiento, porque éste al
acechar tan intensa y subjetivamente a quien lo experimenta, al ir como en el caso de este poemario,
directamente disparado hacia las fibras
más sensibles de un ser humano en particular, no puede ser analizado como
verdad universal por la Razón Ideal, sino cercado, aproximado por diferentes
medios entre los cuales la poesía tiene especial relevancia.
El lector a su vez, también tiene la necesidad de
reconocerse en ese acontecimiento, porque así prepara su experiencia para
controlar el miedo, el temor a lo imprevisible y al dolor de cualquier tipo,
que pueda presentarse en el transcurso de su vida. Nosotros pues, en la lectura
de estos versos, de la mano de Amando, podemos ir adquiriendo las destrezas que
él ha atesorando en su interpretación de lo que aquel día experimentó.
Más adelante en el poemario, siguiendo con esta
forma tan directa de interpretar la realidad, veremos aparecer nuevas luces y
espacios para la esperanza. El bálsamo de la poesía pues, parece ser que lava
el pesimismo inicial de Amando y le permite construir, con palabras, un islote
de seguridades, en el que aún mantenerse a flote:
Así podemos leer:
“Y cuando te hayas ido,
mañana, o dentro de tres vidas,
¿cómo no se hundirán los universos
y los amaneceres
y las espadas de las flores?
mañana, o dentro de tres vidas,
¿cómo no se hundirán los universos
y los amaneceres
y las espadas de las flores?
Mejor no preguntarse,
mejor no anticipar el sufrimiento,
mejor no convocar el laberinto
ni al monstruo que lo guarda.
Mejor aprovechar tu nitidez
de brisa detenida y sosegada
bajo las cordilleras de tu cuerpo,
para entrar en el mundo sin lamentos,
para subir a escena convencido
de no ser adjetivo prescindible.”
mejor no anticipar el sufrimiento,
mejor no convocar el laberinto
ni al monstruo que lo guarda.
Mejor aprovechar tu nitidez
de brisa detenida y sosegada
bajo las cordilleras de tu cuerpo,
para entrar en el mundo sin lamentos,
para subir a escena convencido
de no ser adjetivo prescindible.”
Siguen
después los intentos de Amando por mantener la normalidad dentro de una
situación que ha quebrado, aunque sea transitoriamente, su equilibrio emocional.
Como persona metódica, y a pesar de la
preocupación, continúa su jornada, a través de los poemas.
Así dice:
“Al
encender la luz de la oficina, su brillo me recuerda un hospital, aunque
nuestros pacientes no respiren, ni en apariencia sangren o padezcan.
Sobre la
mesa yacen los papeles tal y como dejé su cuerpo ayer, sin otra novedad que la
emboscada de miles de segundos en sus poros que no han causado heridas
apreciables.”
O más adelante:
“La jornada
es un timbre impertinente, inquieto e incansable saltamontes, o llovizna de
martes. Y siempre la justicia se encarama detrás de sus palabras sosegadas o
inquietas o iracundas.“
No adelantaré ya más
detalles que el autor no os quiera avanzar, ni tampoco ningún final que él no
considere conveniente contaros antes de tiempo.
Solo
apuntaré, antes de cederle la palabra, mi observación en el poemario, de un
avance continuo hacia posturas menos pesimistas y categóricas, que en las
últimas páginas se pueden leer así:
“sé que existe el sendero
donde el alma
llegará al fuego de tus manos
donde arderá mi pánico, y después
alcanzaré el jardín para el reposo
donde cantan los árboles:
allí beberé un río de justicia.”
llegará al fuego de tus manos
donde arderá mi pánico, y después
alcanzaré el jardín para el reposo
donde cantan los árboles:
allí beberé un río de justicia.”
Por otro
lado, tengo mi propia idea sobre el sentido de la palabra “Quizá” en el título
de la obra, (Quizá un martes de otoño) pero ante la posibilidad de equivocarme,
le lanzo al autor estas preguntas dejando a su criterio la conveniencia de
responderlas: ¿Fue entonces un martes el día en que se produjo ese
acontecimiento? ¿No lo recuerda, o no lo quiere recordar Amando? ¿Quiere decir
que en realidad es irrelevante el día de la semana en que ocurrió? ¿Nos quiere
transmitir que debe ser irrelevante para nosotros, la fecha en que nos ocurran
similares situaciones?
¿Y el desasosiego inicial? ¿Podrá haber
palabras, relojes y filos de espada, que puedan al fin combatirlo? Él podrá
decírnoslo si lo desea. Como sabemos, los poetas no siempre quieren anticipar de
sus obras nada al lector, que ellas mismas en
lectura meditada puedan transmitir por sí solas.
Concluyo ya,
confirmando que Amando Carabias, ha conseguido con esta elaborada y acertada
obra, un primer objetivo al aplicarse a sí mismo, de forma terapéutica sus propios
versos, para reinterpretar esa realidad que de vez en cuando, nos expulsa
bruscamente del mundo que habitamos. De la misma forma anticipo la consecución
de un segundo objetivo, que es el ofrecernos aquí y ahora, el resultado de su excelente
hacer poético, para que lo disfrutemos y podamos compartir con él ese decir de
la poesía, que según Chantall Maillard
es auténticamente válido, para aproximarnos a todo aquello que ahí fuera, día a
día, nos acontece.
Muchas gracias.
© Norberto
García Hernanz
4 comentarios:
Qué grande Norberto !!! Entrañables palabras, magnífica presentación.
Un fuerte abrazo para el presentado y otro para el presentador.
Aún no he leído tu libro. Quiero tener -darme el gustazo- de comprártelo en tu Presentación en Madrid. Estas palabras que lo preludian me lo acercan muy significativamente y me dan la medida de algo que, ya hablando contigo hace días, preveía: me va a conmover tu poemario.
Leo estrofas aquí entresacadas y golpean como tizones.
Mi enhorabuena, Poeta: Madrid te espera.
Qué gusto poderlo leer! Es importante que queden las palabras escritas. Norberto estuvo fantástico. Lo disfruté mucho. Gracias, pues al polifacético profesor de matemáticas, que entiende igualente de sensibiladades. Besos a los dos.
Ahora sabemos que la musa de este poemario es ella, ella que se maravilla con los copos de nieve, ella que apareció a menudo en el diario de Amando. Entiendo el quizá por haber vivido un acontecimiento parecido, entiendo el desasosiego y el deseo de aprovechar cada caricia para acallar la pesadilla.
Un beso, Amando.
Noberto, gracias por esta presentación nítida como las matemáticas y empática como la poesía que me da muchas ganas de leer este poemario. Un abrazo.
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